Partimos de considerar que este es un momento oportuno para preguntarse por el futuro vocacional? laboral? o profesional?
Este es el momento del año en que adolescentes, jóvenes y no tan jóvenes se cuestionan que hacer de su futuro, que elegir hacer el añopróximo. Es momento de inscripciones, orientaciones, charlas informativas, nuevas propuestas estudiantiles, y sobre todo, es momento de millones de dudas.
Quienes nos acompañan desde hace un tiempo, probablemente sepan que nuestro equipo viene desarrollando un programa de trabajo en Orientación Vocacional en forma abierta, y en función de ese trabajo es que nuevamente nos cuestionamos la validez y el alcance de un proceso de Orientación Vocacional.
Muchos jóvenes confunden afinidad laboral, talento y vocación por un lado, carácter y personalidad con potencialidades por el otro, e incluso la aspiración económica con el interés profesional. Y en realidad, todos estos factores se ponen en juego al momento de pensar en nuestro futuro.
En la práctica es frecuente escuchar “yo quiero ser alguien importante en lo que elija (hacer-ser)…”,pero no saben como, “me da miedo equivocarme…”, y eso posterga su elección. O simplemente prueban diferentes carreras, cursos y capacitaciones que terminan abandonando.
Es decir que hay dos factores que se repiten en la incertidumbre del joven ante la la proyección de un futuro profesional: querer estudiar lo que les gusta y el miedo a elegir mal. La pregunta podría ser: ¿Qué es elegir mal? O ¿Qué implicancias tiene para cada persona en particular elegir mal? Esta decisión (como tantas otras) se sostienen en parte de la historia de cada uno, y en parte del presente de cada uno, de manera tal que se puede tomar como un comienzo, “un primer paso hacia” en el caso de los adolescentes que terminan el ciclo secundario.
Es apropiado partir de preguntas básicas (y no por básicas, sencillas de responder) como ¿Qué me gusta? ¿Cómo soy? ¿Quién soy? ¿Qué habilidades tengo? ¿Cuáles son mis puntos más débiles? ¿Qué quiero? ¿Cómo me imagino dentro de 20 años?
Además, el segundo punto a considerar es la información con que se cuenta acerca de una determinada carrera, es decir, buscar, averiguar cual es el objeto de estudio, el perfil profesional del egresado de esa carrera, los alcances del título y la inserción laboral real que ofrece, así como también la modalidad de ingreso, tiempo, costos, etc. Tomar conocimiento sobre la oferta educativa actualizada.
Es frecuente que a los adolescente, a la incertidumbre de que carrera seguir, se sumen las exigencias familiares, la presión del tiempo siendo necesario no extenderse demasiado en los años de estudio requeridos, las representaciones sociales en torno a status socio-económico e independencia, y la competencia inherente a la inserción en el juego de la oferta y la demanda del mercado.
En función de toda esta gama de componentes es que la orientación vocacional es más que la aplicación de un test que me dice que tengo que seguir estudiando, es un proceso de búsqueda, análisis y elección.
La elección de un proyecto profesional es parte de la construcción de un proyecto de vida, y como tal es un proceso largo y complejo en el que es necesario evaluar distintas variables.
Se trata de elegir, y de construir esa elección. Y es por eso que conlleva un trabajo de de-construcción, de análisis, reflexión y cuestionamiento sobre uno mismo en principio, y sobre aquello a lo que se aspira, lo que se proyecta, se piensa y se espera en la vida.
En el caso de aquellos que ya han intentado transitar un camino de formación y no se han encontrado satisfechos, cómodos o convencidos en ese camino, es importante cuestionar esa insatisfacción, indagar las elecciones realizadas hasta el momento, el punto en que fueron fallidas, los intereses, los objetivos, las expectativas (que obviamente no son las mismas que a los 18). Se requiere un trabajo de análisis y reflexión sobre uno mismo, para poder trabajar en lo que se puede proyectar y hasta donde se está dispuesto en esta etapa de la vida.
Porque no todos somos iguales, y por lo tanto, no todos pensamos, sentimos y proyectamos de la misma manera, es que considero que más allá de que exista un programa general a aplicar en OV, la forma, el orden, el tiempo y la modalidad de hacerlo siempre se definen en función de lo apropiado a las características de cada persona. Hay quienes se sienten más cómodos trabajando y resolviendo técnicas estructuradas, y quienes prefieren algo más desestructurado como las entrevistas semi-dirigidas. De ahí la importancia de tomarse el tiempo para evaluar a la persona en las primeras entrevistas, y no fracasar en la orientación.
Finalmente, el último paso requiere la reflexión sobre el trabajo realizado y la información obtenida, para poder pensar y resolver el proyecto de vida a emprender. No obstante, es importante tener en cuenta que esto no se realiza de una vez, sino que es una construcción que uno va haciendo a lo largo de toda la vida. Es una decisión personal sujeta a las variaciones y ajustes que puedan ser necesarios a partir de las modificaciones de nuestros intereses, objetivos, necesidades personales, proyectos, inquietudes, etc.
Porque no siempre los abandonos son fracasos es útil saber que;
“… no debería sentirse como una falla el abandonar la meta que se habían establecido; deberían sentirse exploradores que han eliminado exitosamente un punto donde no han encontrado oro…” [i]