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No le pidas peras al olmo

Miércoles, Mayo 26th, 2010

Si bien sabía de la existencia del libro “No le pidas peras al olmo” de la Lic. Hilda Levy, de hecho me había realizado diversos comentarios acerca del mismo (tanto colegas como pacientes),  por alguna razón (que prefiero dejar pasar esta vez), recién hace un par de semanas despertó mi curiosidad en una librería y decidí leerlo. Para mi sorpresa, grata sorpresa, se trató de una lectura sumamente agradable, entretenida y útil, en tanto el recurso descriptivo de la autora frente a situaciones cotidianas, es más que ameno, divertido e inteligente.

Lo primero que causó en mí  fue mucha gracia, mucho placer y ganas de seguir leyendo! Después, me permitio hacer la lectura profesional que corresponde. Pero si lo cito en este espacio es porque considero que cualquiera que se interese por conocerse un poco más a si mismo y a quienes estan cerca nuestro, como dice la autora “para aquellos que cuentan con un olmo en su jardín”… y pretenden que se convierta en pera, vale la pena leerlo.

Porque todos en algun momento de nuestra vida, estamos insatisfechos con algo, o con alguien, nuestro narcisismo nos hace dificil aceptar que el otro es diferente, esperamos y exigimos que cambie, pasamos de la ilusión a la desilusión, y obviamente a la angustia. Por eso quiero invitarlos a que lo lean, y quiero citar un comentario de la autora para reflexionar:

Si los elegimos (al olmo se refiere) para plantarlos en nuestro jardín, ¿por qué no disfrutar entonces de sus ramas sólidas y elásticas,      sus hojas hermosas, su tronco fuerte y robusto o su sombra reparadora?…

Lic. Eliana Maratea

Quisiera ser grande

Viernes, Octubre 30th, 2009

“Cuando yo era chico… las cosas eran distintas. Los juegos eran otros…, la relación entre padres e hijos era diferente…, nos divertíamos de otra manera…con otras cosas…”

Estas son frases escuchadas o dichas por alguno de nosotros en algún momento de nuestras vidas, porque todos hemos sido chicos y llevamos las marcas de la infancia. Etapa que algunas veces rememoramos con tristeza y carencias, pero que siempre como una fase intensa, en donde se vivía a puro presente.

“Ser niño” es un concepto que se define en relación a otros: infancia, inocencia, ingenuidad y omnipotencia, poder, libertad, fantasías, juego y jugar…

La infancia, dentro de las etapas evolutivas que atravesamos en nuestro crecimiento y desarrollo, tiene además de sus particularidades específicas, el valor de constituir la base donde se establecen los cimientos sobre los cuales después vamos a forjar nuestro carácter, estructurar nuestra psiquis, nuestra personalidad, y nuestro modo de relacionarnos con los otros.

De niños aprendemos a comportarnos, a esperar, a tolerar, a escuchar y hablar, a obedecer y a transgredir. Aprendemos a diferenciar que está bien y que no, a elegir que queremos y que no, aprendemos y ensayamos como resolver problemas, que soluciones aceptamos y cuales no, que pretendemos de los demás y que estamos dispuestos a dar. Aprendemos que hay satisfacciones y frustraciones. Por supuesto que este es un proceso del cual no somos concientes (de hecho si lo fuéramos probablemente nos resignaríamos ante las complejidades que representa). No obstante, es la forma en que vamos construyendo nuestro sistema de defensas, recursos y estrategias para afrontar la realidad en todas sus dimensiones.

De esta manera, las experiencias vividas en esta etapa influyen en las actitudes hacia el proceso de aprendizaje, en el concepto que el niño tiene de sí mismo, y en la capacidad para formar y mantener relaciones sociales y emocionales en el futuro.

A partir de la importancia que adquiere esta etapa, y teniendo en cuenta la vulnerabilidad que existe en la personalidad del niño en éste momento del desarrollo, es quehacemos hincapié en reforzar la necesidad de respetar ese tiempo destinado a “ser niño” con todas las implicancias inherentes a dicha fase. La condición de ser chico abre camino para probar, equivocarse, ensayar, transgredir, y aprender de cada experiencia con malos o buenos resultados.

Es responsabilidad del adulto crear un espacio en torno al niño que le provea la seguridad, contención, frustración y gratificación necesaria, para que ese niño que está creciendo pueda animarse a explorar el mundo, construir su personalidad y conocer sus potencialidades.

Es en este sentido que focalizamos nuestro interés en rescatar el valor que se atribuye al espacio de juego en los niños. La posibilidad de jugar habilita la capacidad para imaginar, fantasear, despegar, diferenciar, crear, inventar. Por eso es necesario incentivar y respetar ese espacio. El adulto deberá estar allí…, acompañando, ayudando al niño a mantener la admiración viva por las cosas que elige hacer, dándole la libertad de elegir, velando por esas elecciones, permitiéndoles ser auténticos, creadores, permitiéndoles desplegar su curiosidad y emprender su búsqueda personal.

La creación de éste espacio en la infancia será el antecedente que posibilitaráel desarrollo de la capacidad creadora en el adulto. Dicha capacidad se entiende entérminos de “posibilidad de”, posibilidad de pensar más allá de una realidad especifica, más allá de un determinado punto de vista o perspectiva, de analizar diferentes propuestas. De escuchar y reflexionar más allá de uno mismo. De crear vínculos seguros y de adoptar una postura ante la vida que nos haga sentir bien, satisfechos, realizados, y no bajo la permanente sensación de estar siempre a un paso de alcanzar lo que se quiere. Posibilitará que, aún siendo adultos, podamos recurrir a un comportamiento lúdico, infantil, inocente e ingenuo cuando la situación lo requiera.

Podemos recuperar la riqueza de nuestra infancia y no sentirla como un eco lejano, como si la inocencia, el asombro y la belleza que la caracteriza hubiesen sido solo parte de un sueño.

Lic. Eliana Maratea

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“Todas las personas mayores han sido niños antes… (pero pocas lo recuerdan)”
Saint-Exupery. El Principito