En este tiempo me ha sorprendido la cantidad de mensajes recibidos acerca de la necesidad manifiesta de los jóvenes de irse de sus casas argumentando querer “independizarse”. Lo cierto es que todos, en algún momento necesitamos independizarnos no solo económicamente sino también emocionalmente de aquellos que conforman nuestro núcleo más cercano (padres, familia, trabajo, etc.). Porque ésto es parte de crecer. “Madurar“.
Ya he comentado en otras oportunidades como se forjan nuestros vínculos y dependencias (físicas y emocionales) desde el momento en que nacemos, necesitamos siempre de un otro para subsistir debido al estado prematuro y de “indefensión” en que venimos al mundo (un bebe por si solo no puede alimentarse, cuidarse, bañarse, contenerse ante situaciones de desamparo, miedos, etc. etc.). Esta condición favorece nuestros vínculos de dependencia con todos aquellos que tenemos cerca y nos aportan algo a nuestra vida y bienestar. Es decir, que sobre la respuesta a necesidades físicas reales como alimentarse, cuidarse, dormir, se generan otras de orden afectivo como la contención emocional frente a situaciones de desamparo, de frustración, de alegría. Necesitamos del otro para mucho mas que subsistir. De esta manera las personas significativas en nuestra vida se convierten en nuestro sostén.
Y necesitamos de ese sostén mientras estemos “verdes”, mientras nos falte aprender, confiar, adquirir seguridad, armar nuestro marco de referencias, nuestro propio sistema de valores, desarrollar nuestro sentido común, confianza, criterio, recursos defensivos, herramientas para desenvolvernos en la vida cotidiana, autonomía, sentido de responsabilidad, capacidad de elección y decisión. Parece mucho no?
Sin embargo todo eso pasa (o debería pasar) mientras crecemos. En algunos casos casi naturalmente, dependiendo del contexto familiar y social en que se crezca.
Mucho depende de los padres que nos hayan tocado, de como ellos mismos hayan resuelto el proceso de separación-individuación de sus propios padres. Porque crecer e independizarse es eso, separarse e individualizarse, ser uno y único. Pensar, elegir, decidir, y responsabilizarse por uno mismo.
Despegar implica estar preparados para afrontar desafíos solos, para sostenernos solos, aceptar los errores, correr el riesgo de equivocarnos y sabiendo que somos responsables de eso. Aprehender esto dependerá de las prácticas de “ensayo y error” que vayamos realizando en nuestra vida, en diferentes contextos y con distintas implicancias por supuesto, de niños bajo la mirada de nuestros padres, de grandes un poco más solos. Pero en esto esmuy importante el lugar que dan los padres para esta “practica” previa.
Habitualmente se confunde independizarse con “mudarse solo” o “irse de casa”. Sin embargo, esta decisión no tiene que ser una reacción a una mala relación con nuestra familia, a una disconformidad, o a no estar del todo cómodo, pensando que la distancia física resolverá a cosas.
Es más amplio que ésto, aunque a veces tales diferencias con los padres precipitan una decisión de este tipo. Es el resultado de un proceso de crecimiento y maduración. Forma parte de la necesidad de tener un espacio propio, una identidad, responsabilidades, riesgos y aciertos.
Ante esa situación sería conveniente revisar primero que moviliza la decisión de mudarse, y tratar de resolver primero los conflictos familiares para no sentirse obligado a independizarse, ni buscar falsa soluciones que sse convertirán luego en otro problema.
Lic. Eliana Maratea