El tema de las adicciones se plantea como una problemática social que atraviesa todo los sectores, y se prolonga más allá de la adolescencia. Los factores descencadenantes de esa conducta pueden ser varios y las sustancias u objetos de la adicción cada vez son más variados.
Ya en épocas pasadas, el hombre hacia uso de sustancias a las que se les atribuía la propiedad de actuar como “resolutivo” ante una situación determinada, propiciando el tránsito a “otra realidad” a través de experimentar nuevas sensaciones. A lo largo de la historia la droga siempre ha estado asociada a cierto efecto mágico, la evitación y la rebeldía característica del adolescente. No obstante, es necesario reconocer que la adicción es un fenómeno que se presenta más allá de esa etapa evolutiva.
Para abordar el tema es necesario considerar que personalidad, proceso psíquico, estructura familiar y contexto social se articulan de manera particular en el adicto.
Una hipótesis planteada desde el enfoque psicoanalítico señala que “el displacer concomitante de las tensiones individuales y sociales, condicionan el uso indebido de sustancias adictógenas, como manera de escapar o de transitar esa tensión”. Según la teoría freudiana, el propósito de nuestro aparato psíquico es evitar el displacer (ligado al aumento de la excitación y la tensión inherente), y por consecuencia alcanzar el placer asociado a la disminución de dicha tensión (distensión). Esta regulación necesaria se intenta a través de la descarga motriz, la evitación o la elaboración de la tensión displacentera. En el caso de la persona adicta la sustancia adictógena es el objeto que le permite controlar y dominar esa tensión. Lo que ocurre es que ese uso se rigidiza, y el sujeto termina recurriendo a la droga cada vez que debe enfrentar una situación conflictiva o ansiógena, como llega a ser la ausencia de la misma droga. De manera que, depender de una sustancia implica someterse a la realidad que se intenta evitar.
El consumo se lleva a caboante un estado de angustia que se vive como catastrófico, desorganizante y bajo una sensación de desintegración; con lo cual, lo que se busca es acallar ese estado y restablecer un aparente equilibrio. Progresivamente, la ausencia de la droga se convierte en una realidad inquietante y angustiante.
El efecto de alivio y distensión que produce el consumo es engañoso, ilusorio y efímero, la situación displacentera resurge y se requiere nuevamente de la droga como recurso evitativo. De esta manera se construye el círculo en el que se sostiene la adicción. Se puede observar que se registra en la persona una ansiedad tal, que señala una necesidad irrefrenable, e indica la dificultad que presenta para controlar la espera, la demora, la imposibilidad de postergar, y la incapacidad para tolerar situaciones tensionantes que le generan angustia. Con la ingesta de sustancia intentará calmar ese estado y alcanzar un estado de bienestar y plenitud.
Más allá de la dinámica psíquica del fenómeno adictivo hay conceptos claves para comprender la adicción. Un concepto importante es el de “abstinencia” o síndrome de abstinencia con el que se define al conjunto de síntomas que se presenta en el adicto por la supresión o la ausencia de la sustancia adictógena, tras un periodo de consumo prolongado de la misma en el cual se ha alcanzado dependencia física.
Por “tolerancia” se entiende el fenómeno de adaptación del organismo a la droga, de manera tal que, para alcanzar el mismo efecto deseado, es necesario aumentar la dosis de la droga, dado que el organismo ya tolera esa cantidad y no produce el mismo efecto.
En cuanto a los consumidores, según su conducta se clasifican en:
- Probadores: aquellos que en alguna oportunidad prueban alguna sustancia adictógena, experimentan.
- Usadores ocasionales: son aquellas personas que pueden abstenerse de consumir, es decir que solo lo hacen ocasionalmente ante situaciones vitales particulares.
- Usadores o usuarios: mantienen un consumo periódico, por ejemplo los fines de semana. Algunos consideran esta relacióncomo un abuso de sustancias.
- Adicto: es aquel que mantiene un vínculo excluyente y exclusivo con la droga, solo se relaciona con la droga, es una relación insustituible.
Finalmente si nos referimos a las vías de incorporación, éstas son muy variadas, se inhala, se aspira, se fuma, se inyecta, se mastica. Pero el punto en común es que siempre la sustancia va a la sangre y a través de ésta a todo el cuerpo. La clínica muestra que cuanto mayor es el deterioro y la adicción, se tiende a utilizar más la vía intravenosa, provocando no solo el “flash” del golpe rápido sino además una autoagresión manifiesta.
Hoy en día, nadie puede desconocer esta problemática, y más de uno de nosotros conoce de cerca la situación. Por eso es importante no mirar para otro lado, sino buscar la forma a nuestro alcance de hacer algo frente a este fenómeno que ya no incumbe solo al adicto o a su familia sino a toda la sociedad.