Para algo soy tu padre- Poner límites

En este mes la figura central es el padre, y al referirnos a él pensamos en las variaciones que se han producido en torno a su lugar, rol y función en medio de los cambios que el siglo XX ha generado sobre las conformaciones familiares.

En su plenitud el padre era una figura definida, que representaba la autoridad familiar y tenía a su cargo la responsabilidad de establecer el lazo social de la familia.

A ese momento corresponden los desarrollos teóricos de Freud, y el ejemplo más difundido para reflejar esto es su conceptualización acerca de la estructuración psíquica del sujeto basada en el mito de Edipo. En el Edipo freudiano el padre representa a la ley, pone límites. Y esto es condición necesaria en la maduración psíquica de todo sujeto (niño en principio, adulto después). Es lo que le va a permitir interiorizar un marco de referencias, de pautas de acción, de normas y reglas a respetar. Condición para desarrollar sus propios límites.

Los límites no solo deben pensarse como prohibiciones o restricciones, sino como algo que representa un marco, un borde, algo que contiene. El límite de cualquier cosa es lo que marca hasta donde, y al mismo tiempo define el terreno dentro del cual moverse. Delimita un espacio y un borde, y como tal permite una referencia, una guía que orienta. El no tener referencias de nada, no poseer el sentido de borde nos deja al libre albedrío, nos enfrenta al caos, lo que genera la sensación de desprotección y desorientación.

Los límites son esenciales en la estructuración subjetiva del ser humano, es la forma de incorporar normas, valores, fortalecer el YO, aprender a esperar, tolerar la frustración, y tramitar la ansiedad. Permiten que el niño interiorice o re-construya un marco de referencia que le permita moverse en libertad dentro de si mismo. Es el patrón que le servirá de guía para actuar, pensar y sentir.

Cuando faltan pueden correr riesgos buscando que el entorno marque el límite que los padres no pusieron o darse sus propios límites, probablemente excesivos.

Por otro lado, la sobreprotección implica que no confiamos en la capacidad de los niños para resolver sus problemas y el evitárselo o resolverlos por ellos,sin darles tiempo de que lo intenten por su cuenta, no les permitirá aprender a cuidarse a sí mismos.

No se trata de que el niño esté de acuerdo con los límites que se le ponen, sino de que los acepte. Tendrá que aprender que no puede estar todo el tiempo en brazos, que la comida tiene horarios que no siempre coinciden con el momento en que él tiene hambre. Más tarde tendrá que aceptar que no puede instalarse eternamente con la computadora o la playstation, o que las salidas deben respetar horarios. Límites que generan frustración, pero también organizan la vida de las personas.

El hombre no es padre por naturaleza, sino que es la llegada de un hijo la que convierte a una persona X en padre, y es este momento el que lo convierte en figura de autoridad, guía, protección y cuidado. Esto implica que la paternidad no es una condición natural, sino que se aprende, es un rol y una función a desarrollar en la práctica, y como tal la puede ejercer cualquier persona que tenga el deseo de ser padre( no solo un progenitor).

Y ser padre implica ejercer la autoridad (no el autoritarismo). Representar la ley, no serlo. Aunque esta diferencia no siempre se reconoce y por temor a caer en el absolutismo hoy se registra un vacío de autoridad.

Hay quienes, por temor, se sientan a discutir las normas con los hijos en una charla. Es correcto explicar el porque de las reglas que se imponen, pero no hay que buscar que el otro las comprenda o apruebe para que entren en vigencia. El padre es la autoridad, y desde ese lugar ejerce su derecho a poner los límites, no en beneficio propio sino del niño. Éste no puede autolimitarse, y en la vida diaria vemos diferentes ejemplos de como los niños “piden” ese limite.

Para que las normas cobren vigencia, es necesario que la pareja esté de acuerdo, y no se desautoricen entre sí. En caso de no estar de acuerdo, lo importante es no contradecir al otro ni discutirlo frente de los hijos, sino en otro momento, para no debilitar la autoridad del otro. En ese caso, se da lugar a la duda, y la palabra pierde autoridad.

Ser padre también implica comprender que a los niños se les puede y se les debe decir NO. Ser padre es ser guía, orientar, acompañar, enseñar, alentar a los hijos a tomar decisiones, sabiendo que se pueden equivocar y que para eso, siempre el padre, va a estar presente.

Lic. Eliana Maratea

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